

Por: Curaduría Editorial de Arte Contemporáneo
En el panorama del arte contemporáneo catalán, pocas intervenciones han logrado amalgamar con tanta precisión la mística medieval y la abstracción moderna como la instalación realizada por Josep Maria Alarcón en 2016.
Bajo el encargo de los Servicios Territoriales de Cultura de la Generalitat de Catalunya, Alarcón aceptó el desafío de conmemorar el 7º Centenario de la muerte de Ramon Llull. El resultado no fue una mera exposición retrospectiva, sino una exégesis plástica titulada Ars Magna Generalis, una obra que transformó el Claustro de la Hemeroteca de Lleida en un receptáculo de pensamiento puro.
El Proceso Creativo: E tránsito hacia el «Illuminati»
El rigor de Alarcón no reside solo en la técnica, sino en la arqueología espiritual de sus temas. Para gestar esta obra, el artista emprendió un viaje físico y metafísico por los enclaves vitales de Llull: desde el silencio del Monasterio de Miramar, al morter de Mallorca, en las montañas de Tramuntana, la ascensión a la montaña de Randa, hasta la introspección en la cueva de retiro espiritual o la solemnidad de su tumba.
Esta inmersión permitió a Alarcón decodificar la «máquina de pensar» luliana, traduciendo la combinatoria lógica del filósofo a un lenguaje visual de texturas, vacíos y volúmenes. Su estudio del Bestiario luliano se materializa en esculturas de hierro oxidado, figuras inaginarias que en los postulados llulianos, actúaban como mensajes moralizantes, Alarcón los reinterpreta, devolviendo a la materia la capacidad de instruir al espíritu.
La Geometría Sagrada: El Punto Áureo de la Instalación
La obra de Alarcón es, ante todo, un ejercicio de orden cósmico. La instalación central desafió la gravedad y la percepción espacial:
- La Estructura Suspendida: Una armadura metálica de cinco brazos horizontales en forma pentagonal, suspendida por un cable de acero a 20 metros de altura.
- La Proporción Divina: Fiel a su obsesión por la armonía, la estructura fue ubicada exactamente en la sección áurea de la superfície del Claustro y también de la altura total del recinto, creando una tensión visual que conecta la tierra con el cenit arquitectónico.
- El Canon Literario: De esta estructura flotaban 364 libros de artista, una alusión directa a la prolífica producción de Llull.
- Estos libros, intervenidos sobre sus páginas crean un diálogo intertextual entre la historia y el presente. Alarcón interviene las páginas como si manejara las ruedas combinatorias de la Ars Magna, transformando el libro en un artefacto de memoria activa. Su proceso no es destructivo, sino una superposición de estratos donde el trazo contemporáneo y la letra antigua convergen en una geometría del pensamiento. Al igual que en la mística luliana, cada intervención busca la unidad entre lo fragmentario, creando un diálogo intertextual que reactiva el pasado. Así, el libro deja de ser un objeto estático para convertirse en una red viva de conexiones que vinculan la historia con el presente.
El Mural y «El Petit Enki»: Diálogos de Materia y Deidad
El eje narrativo de la muestra se consolidó en un mural de gran formato compuesto por siete piezas. A través de un lenguaje abstracto matérico —donde el blanco, el ocre y el azul profundo parecen emerger de la propia pared— Alarcón relata la elevación infinita del pensamiento luliano.
Acompañando esta cosmogonía, destaca la escultura El Petit Enki. Dedicada a la deidad sumeria de la sabiduría y la creación, la figura establece un puente transcultural: la búsqueda del conocimiento humano como un acto universal que trasciende el tiempo y las creencias individuales. La textura porosa y terrosa de la escultura evoca una humanidad que surge del barro pero aspira a la luz.
Un Hito Institucional y Político
La relevancia de la Ars Magna Generalis trascendió lo estético para convertirse en un evento de calado político. La inauguración contó con la presencia del entonces Conseller de Cultura, Santi Vila, acompañado por los directores de los principales museos de Catalunya.
En este marco, se realizaron declaraciones institucionales de gran calado sobre la protección del patrimonio del Museu de Lleida y el compromiso presupuestario con la cultura regional, subrayando que el arte de vanguardia, como el de Alarcón, es el guardián de la memoria histórica.
Conclusión
Josep Maria Alarcón ha demostrado que la proporción áurea no es una regla estática, sino una herramienta de conexión emocional. Su Ars Magna en Lleida permanece en la memoria colectiva como un recordatorio de que el arte contemporáneo, cuando se fundamenta en un estudio profundo y una ejecución técnica impecable, es capaz de hacer habitable el pensamiento más complejo.
»La obra no solo se mira; se habita en su lógica matemática y se siente en su imperfección matérica.»


























»




















































