New York 2013

Primera exposición del proyecto «Ex-libris» en la C.Gallery de la 9ª avenida de Nueva York. Sep-Oct. 2013.

«Del Silenci a la Llum» Ex-libris in New York. 2013

…Del silenci a la llum hi ha una sola frontera.

Miquel Martí i Pol

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«Icodavinci», Ex-libris en el museo CAC Mijas

El profundo conocimiento científico de las proporciones humanas llevó a Leonardo a aprovechar los estudios del matemático renacentista Pacioli y del arquitecto romano Vitruvio para buscar la belleza humana en la proporción. Su ilustración

El profundo conocimiento científico de las proporciones humanas llevó a Leonardo a aprovechar los estudios del matemático renacentista Pacioli y del arquitecto romano Vitruvio para buscar la belleza humana en la proporción. Su ilustración «El hombre de Vitrivio» situó al hombre en el centro del universo, según el ideal renacentista.

La Geometría y Cartografía de lo Invisible.

Por: Curaduría Editorial de Arte Contemporáneo

En la intersección entre la pulsión orgánica y el rigor matemático se erige la obra de Josep Maria Alarcón. Su pieza titulada Icodavinci (2014) no es simplemente un ejercicio pictórico; es un palimpsesto donde la memoria del Renacimiento colisiona con la abstracción matérica del siglo XXI. Alarcón, un artista que entiende el lienzo como un campo de fuerzas dinámicas, nos propone en esta obra una reflexión sobre el orden oculto que subyace en el aparente desorden de la naturaleza.

El Proceso Creativo: Una Arqueología del Gesto

El proceso de Alarcón es, por definición, acumulativo y catártico. No busca la representación, sino la revelación. Su técnica se basa en una superposición de capas donde el azar controlado juega un papel determinante. En Icodavinci, observamos una atmósfera etérea, casi vaporosa, lograda mediante veladuras y lavados que evocan la fluidez del agua o el paso del tiempo sobre una superficie antigua.

El artista utiliza el dominio de la mancha caligráfica como elementos generadores de significado. Sin embargo, lo que eleva su práctica por encima del mero informalismo es la introducción de elementos disruptivos: la caligrafía críptica y la geometría sagrada.

Análisis de la Obra: Icodavinci

Al observar la pieza, la mirada es inmediatamente capturada por tres ejes fundamentales que definen su retórica visual:

  1. El Ícono Geométrico (El Icoxaedro de Sangre):
    En el corazón de la composición, suspendido sobre una amalgama de tonos ocres y tierras, flota una estructura lineal roja. Este poliedro—un recordatorio del interés de Da Vinci por las formas platónicas—actúa como un ancla racional. Es el símbolo del intelecto humano intentando medir lo infinito. El contraste cromático del rojo vibrante sobre el fondo neutro no es solo estético; es una declaración de vida y orden en medio del vacío.
  2. La Grafía como Rastro:
    La presencia de una caligrafía ejecutada de forma especular y en sentido vertical, delicada y aparentemente ilegible, transforma la pintura en un manuscrito. Alarcón no escribe para ser leído, sino para ser sentido. Esta escritura asémica funciona como un rastro arqueológico, una voz que susurra desde el fondo de la historia, conectando la modernidad de la obra con el espíritu del Codex davinciano.
  • La Dinámica de la Mancha:
    La composición se divide en una dualidad de densidades. En la parte superior, la oscuridad del negro y la calidez del amarillo sugieren una masa telúrica, mientras que la parte inferior se abre hacia una luminosidad diaphanous. Las salpicaduras y las líneas cinéticas grises que atraviesan el plano inferior aportan una velocidad que rompe la estática del cuadro.

Conclusión Editorial

Josep Maria Alarcón reafirma con esta obra su posición como un cartógrafo de lo intangible. Icodavinci es un testimonio de la lucha eterna entre el Logos (la razón, representada por la geometría) y el Caos (la materia, representada por la mancha).

Para el coleccionista y el crítico, esta pieza no es solo un objeto estético; es un portal hacia una comprensión más profunda de nuestra propia estructura. Alarcón no pinta paisajes, pinta el mecanismo que hace que el paisaje sea posible. Es, en esencia, un humanista moderno operando en las sombras de la abstracción.

Nota de Curaduría: La obra destaca por su equilibrio entre peso y ligereza. Se recomienda su exhibición en espacios de iluminación neutra para permitir que las capas de profundidad cromática respiren y revelen sus matices sutiles al espectador.

«ALEPH» Ex-libris, New York 2013.

Ex-libris, New York 2013

«ALEPH»

Josep Maria Alarcón (New York, 2013)

Ontología de la «Aleph

Genealogía del signo, arquitectura del origen

Por: Curaduría Editorial de Arte Contemporáneo

En «Aleph», Josep Maria Alarcón articula una investigación plástica que trasciende lo formal para situarse en el umbral donde nacen los sistemas de representación. La obra no es únicamente una composición pictórica: es una indagación sobre el origen del lenguaje, sobre la transformación del símbolo y, en última instancia, sobre la necesidad humana de ordenar el mundo mediante signos.

El punto de partida conceptual se sitúa en el alfabeto protosinaítico, considerado uno de los sistemas de escritura más antiguos conocidos. De aquel pictograma inicial —la cabeza de un buey— emergerá, tras un largo proceso de abstracción, la letra “A” latina. Este tránsito, que va de la imagen a la idea, constituye el eje vertebrador del proceso creativo de Alarcón.

El origen como impulso creativo

Alarcón no toma el Aleph como una referencia erudita, sino como un principio generador. En la tradición semítica, el Aleph no es solo la primera letra: es el símbolo del origen, del aliento inicial, del punto donde todo comienza pero aún no se ha manifestado plenamente.

Este interés por el origen conecta con una genealogía del pensamiento que atraviesa disciplinas: desde la matemática de Euclides hasta la concepción armónica del mundo en Leonardo da Vinci, pasando por las proporciones naturales descritas por Fibonacci. En todos ellos, el inicio no es arbitrario: responde a una lógica estructural profunda.

En «Aleph», esta lógica no se representa de forma literal, sino que se encarna en el proceso mismo.

El soporte como memoria: la página intervenida

El primer gesto del artista es decisivo: seleccionar una página impresa como soporte. Este acto implica trabajar sobre un campo previamente codificado —lenguaje, narrativa, historia— que será intervenido y reconfigurado.

La página no es un fondo neutro; es una memoria activa. El texto impreso introduce una dimensión temporal y cultural que el artista no elimina, sino que tensiona. Se establece así una dialéctica entre lo legible y lo visible, entre el orden tipográfico y la irrupción de lo pictórico.

Este gesto inicial puede leerse como una analogía con el propio proceso histórico del Aleph: una progresiva abstracción desde lo figurativo hacia lo conceptual.

De la forma al signo: la disolución del pictograma

El proceso creativo avanza mediante capas sucesivas de intervención. En las primeras fases, el artista sugiere —sin describir— formas que remiten al pictograma original: estructuras angulares, tensiones direccionales, ejes que evocan la antigua cabeza de buey.

Sin embargo, lejos de fijar la imagen, Alarcón la somete a un proceso de descomposición progresiva. El pictograma se fragmenta, se oculta, se disuelve en la materia pictórica. Lo que permanece no es la forma reconocible, sino su energía estructural.

Este tránsito es esencial: la obra no representa el Aleph, sino su evolución.

El gesto pictórico como campo de fuerzas

La irrupción del color —rojos intensos, azules saturados, amarillos vibrantes— introduce una dimensión emocional que contrasta con la racionalidad del soporte impreso. Sin embargo, esta aparente espontaneidad está profundamente regulada.

El negro, aplicado en masas densas, actúa como eje gravitacional. Organiza la composición, absorbe tensiones y establece un contrapunto con los colores primarios, que funcionan como vectores de expansión.

El gesto, en este contexto, no es expresión arbitraria, sino manifestación de un sistema de fuerzas. Cada trazo responde a una lógica interna que equilibra caos y estructura.

Geometría invisible: proporción y armonía

Bajo la superficie aparentemente libre de la obra, se intuye una organización rigurosa. Las diagonales, los puntos de tensión, la distribución de masas cromáticas responden a principios de proporción que remiten a la geometría clásica y a la proporción áurea.

Alarcón no dibuja explícitamente estas estructuras, pero las incorpora de manera implícita. Se trata de una geometría latente, que ordena la composición sin imponerse visualmente.

Este enfoque conecta con una tradición en la que arte y ciencia no son disciplinas separadas, sino lenguajes complementarios para describir una misma realidad.

El dibujo como pensamiento en proceso

En las zonas inferiores de la obra, el trazo se vuelve más ligero, casi esquemático. Aparecen líneas que evocan anotaciones, diagramas, intentos de formular una idea.

Aquí, el dibujo se convierte en pensamiento visible. No busca representar, sino explorar. Es un espacio de ensayo, donde la mano del artista sigue el ritmo de la reflexión.

Este registro introduce una dimensión científica en el proceso creativo: la obra se comporta como un laboratorio donde se ensayan hipótesis visuales.

Estratificación y tiempo

Uno de los aspectos más relevantes del proceso de Alarcón es su carácter estratificado. La obra se construye por capas, cada una perteneciente a un momento distinto.

El tiempo del texto impreso (pasado cultural)
El tiempo del gesto pictórico (presente del acto)
El tiempo del dibujo (reflexión en curso)

La superposición de estos tiempos genera una densidad temporal que convierte la obra en un objeto complejo, abierto a múltiples lecturas.

El Aleph como síntesis

El resultado final no es una imagen cerrada, sino un sistema abierto. El Aleph aparece aquí no como forma, sino como principio organizador: un punto donde convergen lenguaje, materia, proporción y pensamiento.

En este sentido, la obra dialoga con la noción de totalidad formulada por Jorge Luis Borges, pero la traslada al ámbito plástico. El Aleph de Alarcón no se describe: se construye.

Conclusión: hacia una epistemología visual

En «Aleph», Josep Maria Alarcón propone una forma de conocimiento que no se articula en palabras, sino en relaciones visuales. La obra no se limita a ser contemplada; exige ser leída, interpretada, pensada.

Más allá de la abstracción lírica, nos encontramos ante una práctica artística que integra:

la arqueología del signo (humanidades),
la estructura matemática (ciencia),
la proporción armónica (geometría sagrada),
y la intuición gestual (arte).

Alarcón no representa el origen: lo reactiva. Y en ese gesto, sitúa su obra en un territorio singular donde la pintura se convierte en una forma de pensamiento expandido.

“Divina Proportione” __by Josep Maria Alarcón

%22La divina proportioni%22 57 x 46 cms. OK, a Luca Pacioli

…el todo es a la parte como la parte es al resto.

“Sinapsis” Josep Maria Alarcón.

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“Sinapsis” (2014)

Por: Curaduría Editorial de Arte Contemporáneo.

— Josep Maria Alarcón
Hacia una cartografía pictórica de la memoria y el origen

En la obra: “Sinapsis”, Josep Maria Alarcón despliega una obra que no se limita a la abstracción gestual, sino que se sitúa en un territorio más profundo: el de la intersección entre memoria, estructura y energía. La pintura se presenta como un campo de fuerzas donde lo biográfico se transmuta en lenguaje universal, y donde el gesto pictórico deviene huella de un proceso cognitivo y emocional de gran densidad.

Génesis: la memoria como impulso primigenio
El punto de partida de la obra se encuentra en un estrato remoto de la infancia del artista. No se trata de una memoria narrativa, sino de una memoria sensorial, casi pre-verbal: una impresión, una vibración, un residuo emocional que ha permanecido latente. Alarcón no “recuerda” en sentido convencional; más bien, accede a ese sedimento a través de un proceso introspectivo cercano a la meditación activa.

En esta fase inicial, el artista trabaja desde la intuición pura, dejando que el subconsciente emerja sin filtros. Es aquí donde aparece el primer gesto: amplio, envolvente, de naturaleza casi caligráfica. Este gesto no describe, sino que convoca.

Construcción: el gesto como sinapsis.
El título “Sinapsis” no es arbitrario. Remite al punto de conexión entre neuronas, al instante en que la información se transmite y se transforma. La pintura funciona de manera análoga: cada trazo establece una relación con el anterior, generando una red de tensiones y equilibrios.

Los grandes barridos en negro y rojo sugieren impulsos eléctricos, corrientes de energía que atraviesan el soporte. El azul, más contenido, introduce pausas, zonas de respiración. El blanco no actúa como fondo pasivo, sino como espacio de activación, un vacío fértil donde los elementos dialogan.

En este estadio del proceso, Alarcón comienza a introducir capas más conscientes. Aparecen signos, grafismos, casi vestigios de escritura. No son legibles, pero evocan sistemas de codificación, como si el artista intentara traducir lo inefable a un lenguaje estructurado.

Estructura invisible: geometría y proporción
Aunque la obra se percibe como espontánea, subyace una arquitectura rigurosa. La distribución de masas y vacíos responde a principios que remiten a la tradición clásica, en particular a la proporción áurea y a los postulados de Euclides.

Alarcón no aplica estas leyes de manera literal, sino que las ha interiorizado hasta convertirlas en intuición estructural. La composición se organiza en tensiones diagonales que generan dinamismo, mientras que ciertos puntos de concentración —como el núcleo rojo central— actúan como nodos de energía, equivalentes a centros neurálgicos.

Esta aproximación entronca con la tradición de Leonardo da Vinci, donde arte y ciencia no se conciben como disciplinas separadas, sino como manifestaciones complementarias de una misma búsqueda: comprender el orden oculto del mundo.

Asimismo, la lógica de crecimiento orgánico presente en la obra evoca las secuencias de Fibonacci, donde la expansión responde a patrones naturales que se repiten a distintas escalas.

Materia y accidente: la poética del azar controlado
Un aspecto fundamental del proceso creativo de Alarcón es su relación con el azar. Las manchas, los goteos, las transparencias no son meros efectos, sino eventos que el artista provoca y luego integra. Existe una dialéctica constante entre control y accidente.

El negro, aplicado con densidad, genera zonas de gravedad, casi tectónicas. El rojo, en cambio, irrumpe con violencia, como una descarga emocional. En ciertos puntos, la materia parece erosionarse, revelando capas subyacentes, como si la pintura tuviera memoria propia.

Este tratamiento matérico conecta con una visión casi alquímica de la pintura: transformar lo caótico en orden, lo informe en significado.

Síntesis: la obra como organismo vivo
“Sinapsis” no se agota en su apariencia visual. Es un sistema abierto, un organismo en el que cada elemento está en relación con el todo. La obra no representa una sinapsis; es una sinapsis. Funciona como un dispositivo de conexión entre distintos niveles: lo personal y lo universal, lo emocional y lo racional, lo visible y lo invisible.

En el contexto de la producción de Josep Maria Alarcón, esta pieza se inscribe en una línea de investigación donde la pintura se convierte en un medio de conocimiento. No se trata únicamente de crear imágenes, sino de explorar los mecanismos profundos de la percepción, la memoria y la estructura.

Conclusión
“Sinapsis” trasciende la abstracción lírica para situarse en un territorio híbrido, donde convergen arte, ciencia, filosofía y experiencia vital. Es una obra que no busca ser comprendida de inmediato, sino habitada.

En ella, Alarcón nos invita a recorrer los pliegues de nuestra propia memoria, a reconocer que, en el fondo, toda experiencia estética es también un acto de conexión: una sinapsis entre la obra y quien la contempla.

«Reflexión»

#Arte #Cultura #Filosofía #Reflexión #PensamientoCreativo

El vasto espectro de procedimientos pictóricos, junto con la diversidad de técnicas y materiales de los que hoy disponemos los artistas para proyectar nuestro lenguaje creativo, nos invita a establecer un paralelismo revelador. Este ejercicio comparativo nos permite aproximarnos con mayor claridad al hecho íntimo de la creación: a esa liturgia silenciosa que todo artista despliega en la gestación y ejecución de su obra.

Gran parte del pensamiento se materializa en el lenguaje, primera manifestación externa del acto humano de pensar. La segunda se concreta en la técnica o en el procedimiento de comunicación empleado. De este modo, el conjunto de las producciones exteriores de la mente constituye el sustrato esencial de lo que podemos denominar cultura trascendente.

En consecuencia, si el pensamiento no se exterioriza ni se encarna en una forma perceptible, la manifestación artística —en tanto que producto cultural tangible y compartido— no llega a existir.

Las palabras que empleamos habitualmente para comunicarnos, más allá de su etimología o significado, se componen de tres elementos fundamentales: la materia (letras, sonido, fonética), la forma (la organización, articulación y estructura) y el conceptus, es decir, la construcción o idea que el entendimiento configura. Este mismo esquema puede reconocerse en la creación artística: la dimensión material de la obra, su configuración formal y el diálogo interno que se establece entre líneas, formas, texturas y color.

Todo ello nos conduce, de manera gradual pero firme, hacia una estructura más profunda y de naturaleza metafísica: el núcleo originario de la obra, su estado primigenio, su esencia. Es ahí donde reside su verdadera razón de ser.

Desde esta perspectiva, las estructuras sensibles o matéricas de una creación —más allá de su apariencia estética— actúan como umbral, como vía de acceso a una comprensión más elevada. Nos facilitan la conexión con la auténtica esencia de la obra de arte, situándonos en un plano que trasciende la materia: un ámbito donde habita el concepto puro de Arte.

La intensidad de esta conexión dependerá, en última instancia, de la sensibilidad, la formación y la disposición interior de cada espectador; de su capacidad para percibir e interpretar ese lenguaje plástico y emocional que se despliega ante él. Un lenguaje que se sitúa en un plano superior, aquel que Platón identificó como el ámbito del intelecto y de las Ideas.

Josep Mª Alarcón


Primum cognitum

«PRIMUM COGNITUM» (2015). Técnica mixta, matérica.

(Ens est illud quod primum cadit in conceptione humana)

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«Conocimiento intrínseco, la memoria de la tierra»(2015)


%22EX-LIBRIS%22 al CAC Mijas.Públic. S

Museo de Arte Contemporáneo CAC Mijas Museum.

Àurea. Captura de pantalla 2016-03-20 a las 20.51.31

«UNIVERSIA»

%22UNIVERSIA%22 instalació, Centre d'Art Contemporàni- CAC Mijas. S. ArteItaliaCultura

Museum of Picasso. Contemporary art, CAC Mijas Museum. Spain.

“UNIVERSIA” (Josep María ALARCÓN)

La instalación es el núcleo central del proyecto “EX-LIBRIS”. La muestra se exhibe en la sala II junto a 43 cerámicas de Pablo Picasso, expuestas en la sala I, la colección está catalogado como la segunda  más importante después de la del museo de París.

Sala I. CAC Mijas. Museo Picasso

La Divina Proportione marca al agua

«La Divina Proportione» JM Alarcón (2014)

 

A dossier Ars Magna copia

Ayin-Exposición permanente en el Museo Picasso copia«AYIN» Collection of the Museum Picasso. Contemporary art. Mijas Spain.

 

A Universia frag face

«UNIVERSIA» 1ª Instalación en el Museo Picasso; Centro de Arte Contemporáneo de Mijas, Málaga. Spain


 

“UNIVERSIA”
Leonardo da Vinci y Pablo Picasso, dos creadores clave en la historia del arte y visionarios, cada uno en su tiempo, se enlazan en perfecta armonía.

La instalación «Universia»  les rinde tributo y  ensalza la contribución decisiva que aportaron ambos genios  a las futuras generaciones, cada uno en su tiempo, creó  un nuevo paradigma que revolucionó,  los patrones universales del lenguaje creativo.

La instalación «Universia» se articula entorno a un gran icosaedro rojo, situado en el centro de la composición, que sintetiza la iconografía poliédrica de los sólidos platónicos, la ilustración erudita de Leonardo da Vinci a la obra de Luca Pacioli, en la «De Divina Proportione«, escrita en Milán y publicada en Venecia el año 1509. A éste poliedro le acompaña, de forma envolvente, varios centenares de libros suspendidos en el aire, que han sido diseñados, ilustrados y firmados a mano por el propio autor. Estos libros no sólo enriquecen la composición con su extraordinaria riqueza plástica, sino que, en su vereda estética, homenajean la figura de Pablo Picasso. La fusión de todos los elementos dota a la instalación de una atmósfera mágica y cósmica e interpela con el espectador para que se sumerja en la esencia de la idea a través de la realidad sensible, la observación y la reflexión. Éste viaje les transportará, a un universo sugerente y anacrónico, símbolo de la cosmogénesis permanente y la metáfora de un instante. De este modo, la imagen estática de la secuencia del crecimiento concéntrico, ilumina los patrones geométricos ocultos de la dinámica del crecimiento del conocimiento, siguiendo los patrones logarítmicos del continuo cambio y expansión  del cosmos.

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