Por: Curaduría Editorial de Arte Contemporáneo.
— Josep Maria Alarcón
Hacia una cartografía pictórica de la memoria y el origen
En la obra: “Sinapsis”, Josep Maria Alarcón despliega una obra que no se limita a la abstracción gestual, sino que se sitúa en un territorio más profundo: el de la intersección entre memoria, estructura y energía. La pintura se presenta como un campo de fuerzas donde lo biográfico se transmuta en lenguaje universal, y donde el gesto pictórico deviene huella de un proceso cognitivo y emocional de gran densidad.
Génesis: la memoria como impulso primigenio
El punto de partida de la obra se encuentra en un estrato remoto de la infancia del artista. No se trata de una memoria narrativa, sino de una memoria sensorial, casi pre-verbal: una impresión, una vibración, un residuo emocional que ha permanecido latente. Alarcón no “recuerda” en sentido convencional; más bien, accede a ese sedimento a través de un proceso introspectivo cercano a la meditación activa.
En esta fase inicial, el artista trabaja desde la intuición pura, dejando que el subconsciente emerja sin filtros. Es aquí donde aparece el primer gesto: amplio, envolvente, de naturaleza casi caligráfica. Este gesto no describe, sino que convoca.
Construcción: el gesto como sinapsis.
El título “Sinapsis” no es arbitrario. Remite al punto de conexión entre neuronas, al instante en que la información se transmite y se transforma. La pintura funciona de manera análoga: cada trazo establece una relación con el anterior, generando una red de tensiones y equilibrios.
Los grandes barridos en negro y rojo sugieren impulsos eléctricos, corrientes de energía que atraviesan el soporte. El azul, más contenido, introduce pausas, zonas de respiración. El blanco no actúa como fondo pasivo, sino como espacio de activación, un vacío fértil donde los elementos dialogan.
En este estadio del proceso, Alarcón comienza a introducir capas más conscientes. Aparecen signos, grafismos, casi vestigios de escritura. No son legibles, pero evocan sistemas de codificación, como si el artista intentara traducir lo inefable a un lenguaje estructurado.
Estructura invisible: geometría y proporción
Aunque la obra se percibe como espontánea, subyace una arquitectura rigurosa. La distribución de masas y vacíos responde a principios que remiten a la tradición clásica, en particular a la proporción áurea y a los postulados de Euclides.
Alarcón no aplica estas leyes de manera literal, sino que las ha interiorizado hasta convertirlas en intuición estructural. La composición se organiza en tensiones diagonales que generan dinamismo, mientras que ciertos puntos de concentración —como el núcleo rojo central— actúan como nodos de energía, equivalentes a centros neurálgicos.
Esta aproximación entronca con la tradición de Leonardo da Vinci, donde arte y ciencia no se conciben como disciplinas separadas, sino como manifestaciones complementarias de una misma búsqueda: comprender el orden oculto del mundo.
Asimismo, la lógica de crecimiento orgánico presente en la obra evoca las secuencias de Fibonacci, donde la expansión responde a patrones naturales que se repiten a distintas escalas.
Materia y accidente: la poética del azar controlado
Un aspecto fundamental del proceso creativo de Alarcón es su relación con el azar. Las manchas, los goteos, las transparencias no son meros efectos, sino eventos que el artista provoca y luego integra. Existe una dialéctica constante entre control y accidente.
El negro, aplicado con densidad, genera zonas de gravedad, casi tectónicas. El rojo, en cambio, irrumpe con violencia, como una descarga emocional. En ciertos puntos, la materia parece erosionarse, revelando capas subyacentes, como si la pintura tuviera memoria propia.
Este tratamiento matérico conecta con una visión casi alquímica de la pintura: transformar lo caótico en orden, lo informe en significado.
Síntesis: la obra como organismo vivo
“Sinapsis” no se agota en su apariencia visual. Es un sistema abierto, un organismo en el que cada elemento está en relación con el todo. La obra no representa una sinapsis; es una sinapsis. Funciona como un dispositivo de conexión entre distintos niveles: lo personal y lo universal, lo emocional y lo racional, lo visible y lo invisible.
En el contexto de la producción de Josep Maria Alarcón, esta pieza se inscribe en una línea de investigación donde la pintura se convierte en un medio de conocimiento. No se trata únicamente de crear imágenes, sino de explorar los mecanismos profundos de la percepción, la memoria y la estructura.
Conclusión
“Sinapsis” trasciende la abstracción lírica para situarse en un territorio híbrido, donde convergen arte, ciencia, filosofía y experiencia vital. Es una obra que no busca ser comprendida de inmediato, sino habitada.
En ella, Alarcón nos invita a recorrer los pliegues de nuestra propia memoria, a reconocer que, en el fondo, toda experiencia estética es también un acto de conexión: una sinapsis entre la obra y quien la contempla.
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La obra «Sinapsis» está dedicada al recuerdo más remoto de mi infancia.
La memoria es uno de los recursos más utilizados por el ser humano, se describe como la capacidad o poder mental que permite retener y recordar, mediante procesos asociativos inconscientes, sensaciones, impresiones, ideas y conceptos previamente experimentados. La memoria humana tiene una estructura compleja, es un proceso que se produce en diversas áreas del cerebro, ya que para memorizar intervienen diversas funciones, como la identificación visual, la auditiva, la clasificación de aquello que vemos, etc.
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